Superior

Estambul en imágenes Tranvía en Beyoglu
Estambul en imágenes El Gran bazar
Estambul en imágenes Puesto de dulces típicos
Estambul en imágenes Azulejo típico
Estambul en imágenes Especias en el Bazar
Estambul en imágenes Torre Galata
Estambul en imágenes Interior de Santa Sofía
Estambul en imágenes Vista desde el palacio de Topkapi
Estambul en imágenes Uno de los salones del Palacio de Topkapi
Estambul en imágenes Obelisco en el hipódromo
Estambul en imágenes Interior de la mezquita Azul
Estambul en imágenes Mezquita de Suleiman
Estambul en imágenes Remate de una cúpula
Estambul en imágenes Columna de la Cisterna
Estambul en imágenes Una calle de Estambul
Estambul en imágenes Edificios junto a Sultanahmet
Estambul en imágenes Casa junto al Bósforo
Estambul en imágenes Estación de salida del Orient Express
Estambul en imágenes La Mezquita Azul

Estambul en imágenes

Recorrer Estambul es encontrase con un universo de aromas, de color y de sonidos tan exóticos como evocadores.
El tráfico intenso, caótico a veces, y sus calles superpobladas no pueden ocultar los tesoros que nos esperan a cada paso: el pequeño cementerio otomano, la espectacular mezquita, el aroma embriagante de las especias, los cafés en cada esquina, el Gran Bazar y las infinitas tiendas.
Estambul es una ciudad que a cada paso parece invitarnos a empezar una aventura o a encontrar un sosiego hasta entonces desconocido: la maravillosa estación de Sirkeci, punto de llegada del Orient Express o el placentero hamman de suleymaniye donde el viajero, ahora sí, encuentra el trato de un sultán y el placer del reposo.
Estambul es una ciudad entre dos mundos. El caso único de una ciudad entre dos continentes, pero también una ciudad en la que se juntan, sin acabar de unirse, dos concepciones distintas de la vida.
Por un lado el Cuerno de oro con sus tres barrios bien diferenciados, el Serrallo (con Topkapi presidiéndolo), Sultanahmed (con sus espectaculares mezquitas) y el barrio del Bazar todos ellos reflejo de una ciudad vibrante, de calles serpenteantes que rebosan de frenesí comercial.
Por otro, Beyoglu, la versión otomana de una ciudad occidental y donde se asentaron tradicionalmente las comunidades extranjeras, y más allá el Estambul asiático, de crecimiento ilimitado.