Superior

Evocadora Lisboa Relieve de los Jerónimos, Lisboa
Evocadora Lisboa Casa do Alentejo
Evocadora Lisboa Azulejos
Evocadora Lisboa Mirador en Alfama
Evocadora Lisboa Detalle del pavimentado peatonal
Evocadora Lisboa Praça do Comercio
Evocadora Lisboa Estatua de Pedro IV en la Praça do comercio
Evocadora Lisboa El estuario del Tajo
Evocadora Lisboa Calle en Alfama, Lisboa
Evocadora Lisboa Tranvia
Evocadora Lisboa Restaurante Odeón
Evocadora Lisboa Luminoso de café
Evocadora Lisboa Dulces lisboetas
Evocadora Lisboa Elevador de Eiffel
Evocadora Lisboa Zona Comercio
Evocadora Lisboa Diario de Noticias, Lisboa
Evocadora Lisboa Rua do Comercio, Lisboa

Evocadora Lisboa

Visitar Lisboa

Los españoles siempre hemos considerado Lisboa como un destino fácil. Quizá por ello tardamos en decidirnos a visitarla, es un destino que siempre se puede hacer. Qué error: cuando pisas sus calles por primera vez piensas cómo ha sido posible haber  tardado tanto en hacerlo.

Después de esa primera vez esta ciudad es tuya para siempre. Competirás con los otros viajeros por saber cuál es el restaurante de la Baixa dónde se come mejor bacalhau o dónde escuchas fados sin sentirte un turista.

Ah…, La casa del Alentejo, el Café de Alcántara, la
Cervejaria Trindade, el Pavillao Chinés, A Brasileira, el Tavares, Duas Portas, Chapito… Me siento a gusto en todos sus restaurantes, en las terrazas de sus cafés, en sus garitos de música.

Cada vez que escucho a Antonio Zambujo, Ana Moura, Amalia Rodrigues, Caminho o a Misia, vuelvo a caminar por sus calles empinadas y vuelvo a ver Lisboa desde San Jorge o desear estar en Alfama o en Chiado, o ver su estuario desde la Praça do Comercio, o comprar el periódico en Rossio.

Y coger un tranvía, ese transporte que creímos pieza de museo y ahora envidiamos por haberlo quitado en nuestras ciudades.

Y tomar un oporto o una ginjinha, ¡no!, una Sagres fría.

Ah… Os bolos, los arroces, las gambas de O Bem Estar, las tiendas de muebles, las librerías de viejo, las viejas librerías de nuevo… el puente del 25 de abril, el oceanario, el mirador hacia el Magallanes entre los restos de su Expo.

Y los Jerónimos, Liberdade, Pombal, ¡el Gulbenkian!

Y los olores.

Y el sabor a puerto.

Y la gente amable.

Y el Tajo… claro.